Saeteros


Manolo Martinez

Desde hace media docena de años, la Peña de la Guitarra de Carmona, organiza una escuela de saetas, bajo la batuta de un maestro de lujo, Paco Moya.
Un nutrido grupo de aficionados al, parecer de muchos entendidos, cante más difícil, se congregan alrededor de Paco, para dejarse guiar por este impagable consejero, que Carmona, tuvo la suerte de parir. Cada año se trasladan al salón de los Amigos de la Guitarra, balcones, cornetas, tambores, incienso, palios, cristos y sentimientos, kilos y kilos de sentimientos y emoción que afloran en las gargantas de cada uno de los alumnos de tan singular escuela.



Escuchar, parar, corregir y templar son las cuatro riendas con las que, Paco, intenta, en cada magistral clase, domar a ese potro desbocado que es la voz, cuando, ésta, surge del alma, pero sin detenerse, en esa criba, imprescindible, de la técnica. La Peña de la Guitarra ha dado, generosamente, techo, pupitre, tiza, pizarra y maestro, a un nutrido grupo de aficionados, que de no ser así, seguirían aprendiendo este patrimonio rezado, a la intemperie, de año en año, y sin la vara de medir, adecuada, que les dijese, aquí no, aquí empuja, aquí llora cantando cuánto quieras. Estos son los esfuerzos, que hace, de las peñas, motores imprescindibles, para que el tejido social de cualquier pueblo o ciudad, goce de buena salud. Porque el tema expuesto, es lo de menos.

Unas veces el pretexto es la saeta, otras, un concurso de pinturas, o de fotografías, da igual, el verdadero saldo de todos estos cursos, es que las personas dispongan de los medios, y una disculpa, necesarios, para trabar amistades, para charlar, para compartir un mismo sueño, para salir de casa, para trocear ese pan, tan duro de roer, a veces, que es la rutina. Conozco personalmente a algunos de los disciplinados alumnos de esta hermosa carrera, Manolo Delia, presidente del Club Ciclista de Carmona, Antonio Ojeda Lancha, profesor, Chami, constructor, …y alguno más que se me escapa, y observo, como, sus distintas ocupaciones laborales, sus dispares edades, o sus distintos genios, no son traba alguna, para hacer piña ante un mismo empeño, y puede que, esto, sea lo más didáctico de todo este hermoso proyecto, aprender a doblegar lo personal, en beneficio del común propósito, en este caso, aprender a cantar, o rezar, o llorar, o las tres cosas a la vez, como ocurre en la saeta. Enhorabuena a los tres pilares en que se sustenta la escuela, la Peña de la Guitarra, el maestro, Paco Moya, y los alumnos, sin los cuales no habría escuela.


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