domingo, 16 de junio de 2013

Conferencia: Carmen Amaya por Manuel Martin Martin



Conferencia: Carmen Amaya por Manuel Martin Martin:


Semblanza de Carmen Amaya

Carmen Amaya Amaya (Barcelona, 2 de noviembre de 1913 - Bagur, Gerona, 19 de noviembre de 1963) fue una bailadora y cantante de flamenco. Carmen Amaya es uno de los mitos del baile flamenco. Revolucionó el baile que se hacía en ese momento. También cantaba, pero sus dotes de bailaora acabaron eclipsando su faceta como cantaora. No aprendió a bailar en ninguna academia, aprendió de su entorno cercano. Su escuela fue la calle, en la que cantaba y bailaba para ganar algo de dinero. De la calle pasó a los teatros y de allí los grandes escenarios de Madrid, en una ascensión meteórica, con un estilo y unas maneras nunca vistos.

Desde pequeña se le puso el mote de La Capitana, cuando se inició en el flamenco acompañando a su padre, debutando con sólo seis años en el restaurante de Barcelona Les Set Portes y poco tardó en dar un gran salto para actuar en París con gran éxito, en el Teatro Palace. Bailó desde muy joven con figuras ya muy populares y reconocidas como Raquel Meller o Carlos Montoya. En 1923, con sólo 10 años, llegó a Madrid, para bailaren el Palacio de la Música también de forma exitosa e iniciar al año siguiente una gira por toda ella España formando parte de la compañía de Manuel Vallejo. A su regreso a Barcelona bailó en el Teatro Español, recomendada por José Cepero. En 1929, figuraba en el cartel del Colmao Villa Rosa, que regentaba, en Barcelona, Miguel Borrull, y, en 1930, actúa en la Exposición Internacional.

La contrata el empresario Carcellé para una gira en la que recorre varias capitales, entre ellas San Sebastián, en 1935, presentándola en Madrid, Luisita Esteso, durante un espectáculo en el Coliseum. El mismo año trabaja en los teatros madrileños de La Zarzuela, con Conchita Piquer, Miguel de Molina y otros destacados artistas, y en el Fontalba.
La Guerra Civil la sorprende en Valladolid y obliga a que la compañía se traslade al extranjero. Después de actuar en Lisboa, se va a Sudamérica con su equipo, el cual incluye otros intérpretes y a su padre y al Pelao Viejo. Se presentan en Buenos Aires, donde debuta en compañía de Ramón Montoya y Sabicas, en el Teatro Maravillas con un enorme éxito.
Tuvieron que intervenir las fuerzas de orden público, y también los bomberos, en el segundo día de actuación, para poder mantener el orden en las taquillas. Se mantiene en ese teatro un año, y siguió viajando y paseando su arte por todo el mundo. Durante esta etapa de su vida artística realizó películas en Buenos Aires junto a Miguel de Molina. En 1941 viaja a Nueva York, y actúa en el Carnegie Hall, en el que sólo actúan artistas de prestigio principalmente con espectáculos de música o ballet clásico, en unión de Sabicas y Antonio de Triana. El entonces presidente de los Estados Unidos, Franklin Roosevelt, la invita a actuar en una fiesta en la Casa Blanca.
Carmen apareció en la portada de la revista Life y la admiraron los más famosos astros del cine y el arte. Desde 1942 en Hollywood, se convierte en una de las atracciones más grandes. Interpretó una versión de El amor brujo de Manuel de Falla, en el Hollywood Bowl, ante veinte mil personas, con la Orquesta Filarmónica.

Vuelve a Europa y se presenta en el Teatro de los Campos Elíseos de París, y sigue haciendo giras de forma interminable por todos os escenarios importantes del mundo. Cuando Carmen Amaya volvió a España en 1947 era ya una figura mundial indiscutible. Los años en América le habían servido para que su leyenda creciera imparable. Reapareció en el Teatro Madrid, con el espectáculo titulado Embrujo español. En 1959 se inaugura en Barcelona la Fuente de Carmen Amaya en medio del homenaje popular; con este motivo celebra una función benéfica en el Palacio de la Música, que registró el mayor lleno de su historia. En 1963 muere por afección renal, enferma estando en Gandía, tras haber bailado por última vez en Málaga. Y muere en Bagur (Gerona). A su muerte a los 50 años, le fue otorgada la Medalla del Mérito Turístico de Barcelona, el Lazo de Isabel la Católica y el título de Hija Adoptiva de Bagur. Enterrada en Bagur, donde vivió sus últimos días, sus restos descansan actualmente en Santander, en el panteón de la familia de su marido.

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